Principios fundamentales de la osteopatía

1. El cuerpo es una unidad.
No hay separación entre los sistemas: el físico, el emocional y el metabólico forman parte de un mismo organismo coherente. Cuando una parte del cuerpo cambia, todo el organismo se ajusta. Esta visión permite entender por qué un dolor lumbar puede tener origen en un desequilibrio visceral u hormonal, o por qué una alteración postural puede influir en el estado emocional.

2. La estructura y la función están íntimamente relacionadas.
Cuando una estructura —sea hueso, músculo, víscera o tejido— pierde movilidad o flexibilidad, su función se ve afectada. Y cuando una función se desequilibra, el cuerpo reorganiza sus estructuras para compensarlo. Esta relación bidireccional es la base del diagnóstico osteopático: identificar dónde se ha perdido el movimiento, la fluidez o la coherencia.

3. El cuerpo posee los mecanismos de autorregulación y autocuración.
El osteópata no “cura”, sino que acompaña. Mediante el tacto, la percepción y el estímulo adecuado, ayuda al cuerpo a recuperar sus capacidades naturales de regulación. El tratamiento, por lo tanto, no es una imposición externa, sino una colaboración con la inteligencia biológica del paciente.

4. La circulación es esencial.
Tanto la sangre como la linfa, los fluidos intersticiales y la transmisión nerviosa son las corrientes que sostienen la vida. Allí donde estos flujos se ven obstaculizados, aparece el desequilibrio. La osteopatía busca restablecer el movimiento en todos los niveles: estructural, visceral y craneal.