Aprender a esperar: una competencia clínica

En las aulas y en las consultas, veo a menudo alumnos y pacientes que comparten la misma inquietud: quieren que las cosas pasen de inmediato.
Unos quieren aprender rápido; los otros, mejorar rápido. Pero tanto para aprender como para sanar, hay un momento en que es necesario detenerse y confiar.

La osteopatía nos recuerda que la lentitud no es un defecto, sino un signo de profundidad.
Un tejido que cambia demasiado rápido puede haber sido forzado; una idea que se aprende sin pausa puede haberse quedado en la superficie.

En cambio, lo que madura con tiempo se arraiga, integra y perdura.
Esta es una de las grandes lecciones que la osteopatía nos regala: respetar el ritmo biológico y humano.
No solo del paciente, sino también del terapeuta y de su proceso de formación.

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