Volver a la esencia
Puede que la dificultad de la osteopatía hoy no sea solo técnica, sino cultural.
Practicarla y enseñarla es, de alguna manera, ir contra la velocidad del mundo, recordar que hay conocimientos que no pueden ser resumidos ni acelerados.
La osteopatía no se puede aprender a distancia ni a través de vídeos.
Requiere la presencia, el contacto y la transmisión viva entre maestro y alumno.
Solo en la proximidad se aprende la sensibilidad de la mano, la lectura del tejido, el tempo de la respiración.
Este saber pasa de persona a persona, como un oficio, como una tradición que necesita espacio y tiempo para arraigar.
La osteopatía nos invita a reaprender la lentitud: a estar presentes, a observar, a dejar que las cosas pasen en su momento.
Y esto, en un mundo de inmediatez, es casi un acto de resistencia.
Porque la verdadera profundidad —en la salud, en el aprendizaje y en la vida— no llega cuando tenemos prisa, sino cuando tenemos tiempo.
